Mejor no hablemos de planes económicos (sí de políticas de Estado)

Ya no quedan recetas por probar. Sólo con un conjunto de decisiones enfocadas en construir consensos podremos salir del pantano en el que nos encontramos.

 

Argentina debe ser de los países del mundo con la mayor cantidad de planes económicos y sucesivos fracasos de la posmodernidad. A lo largo de los últimos cincuenta años hemos tenido casi sucesivamente distintos planes “salvadores” para salir de las crisis económicas que nos han caracterizado. Sólo para aquellos que tienen un par de décadas de vida, recordemos en los 70′ La Tablita de Martínez de Hoz, en los 80′ el Plan Primavera, en los 90′ La Convertibilidad y recientemente el último plan del Fondo Monetario en la presidencia de Macri. Lo que podemos concluir de todos aquellos planes milagrosos es que la Argentina terminó inmersa en una crisis aún más profunda que su antecesora y la gravedad de la pobreza estructural se torna más compleja en cada década.

 

Cuando hago referencia a que Argentina debería dejar de hablar de planes económicos me refiero simplemente a que ya se agotaron todas las recetas posibles. Si nos remontamos a cien años para atrás, podemos ver las mismas propuestas económicas que quiso aplicar el Fondo Monetario Internacional con Argentina en su último préstamo durante la presidencia de Macri. Durante la presidencia de Pellegrini Romero de 1891, es decir hace casi ciento veinte años, el país se comprometió a aplicar un severo y estricto programa de austeridad fiscal que consistió en una baja de gastos, limitación de la emisión de cédulas hipotecarias y otros títulos bancarios, restricción en la emisión monetaria, retiro de circulación de un porcentaje considerable de la base monetaria y venta de ciertos activos públicos. Es decir, podríamos que decir que es prácticamente una copia equivalente del plan del Fondo Monetario de hace sólo dos años para Argentina, donde los resultados nuevamente también se pueden verificar con datos duros: devaluación de más del 300%, inflación de dos dígitos, aumento sustancial de la pobreza, default de la deuda externa. Por ello, ¡qué increíble pensar que un nuevo plan milagroso económico nos va a resolver los mismos problemas de siglos!

 

Sin embargo, a pesar de que hemos pasado por todo tipo de propuestas económicas, Argentina perdió luego de la Gran Expansión agroexportadora de 1885 a 1910, sus bases, sus cimientos, sus políticas de Estado. Cuando uno analiza la evolución relativa del ingreso por habitante de la Argentina desde fines de 1880 a la actualidad, sólo hemos trazado una línea en franco descenso, decadencia, es decir, mayor pobreza estructural. Por ello, ahora que nos encaminamos a un nuevo ciclo económico, donde Argentina tendrá que construir condicionado por el Fondo Monetario un nuevo plan económico, sería importante reunir a la mayor cantidad de actores económicos, políticos, religiosos, educativos para definir políticas de estado que trasciendan estos tres años y medio de gestión que le quedan a nuestro presidente Fernández y perduren por las próximas décadas.

Argentina, quien ha sufrido su propio caso de mal holandés, es decir, es esclava de su propia riqueza natural, puede encarar definitivamente un proceso de cambio positivo y crecimiento sostenido en el tiempo. Sólo el conjunto de decisiones políticas enfocadas en construir consensos que tengan legitimidad suficiente para no ser modificados por una nueva gestión de turno nos va a permitir salir del pantano que nos azota desde hace cien años.

Para concluir, cinco deberían ser los ejes para desarrollar nuestras propias políticas de Estado:

 

-Justicia independiente que brinde seguridad jurídica al inversor y al emprendedor o empresario argentino que quiera invertir en el país.

-Inversión en educación para construir igualdad de oportunidades a todos aquellos que quieran superarse y desarrollarse a nivel profesional.

 

-Limitación al gasto público, para evitar caer en los males mencionados durante los últimos cien años. Debemos vivir con lo que podemos y no de prestados eternamente. Asimismo, limitar de una vez por todas al Estado argentino, que ha crecido enormemente en las últimas tres décadas.

-Argentina debe ofrecer todas las herramientas posibles para facilitar y fortalecer las canales de exportación. Asimismo, enfocar el resto de las políticas económicas en evitar atrasos o tipos de cambios que resulten en medidas cortoplacistas y no de largo plazo. También, definitivamente, evitar utilizar la caja de la exportación como instrumento para financiar el gasto público.

 

-Independencia del Banco Central de la República Argentina, y evitar la tentación de conseguir financiamiento barato en el corto plazo pero extremadamente caro en el mediano y largo. Asimismo, fortalecer la coordinación económica para desarrollar políticas que incentiven el ahorro en el mediano y largo plazo y permitan potenciar un mercado de capitales profundo y de mayor volumen.

El autor es director de Romano Group, profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y máster en Finanzas y en Economía y Políticas Públicas (Universidad de Columbia)